El confusionismo

confusión

   Hace días, qué días, semanas que no escribo este blog y es que padezco un largísimo episodio de “confusionismo”. Sí. es una enfermedad mortal como todas (pues todas acaban tarde o temprano mal) que no me deja hacer ni me permite decidir.

   Hace tiempo que pienso que no me convence el camino que he seguido en el blog. No me convence porque deseaba algo más espontáneo, más personal y se está pareciendo más a una revista o a una bitácora sobre literatura que a un blog personal en el que incluir mis reflexiones y mis neuras, entre ellas la literatura. También tengo dudas lingüísticas, geográficas, estéticas y editoriales, entre otras. En todo caso sé  que si no doy un vuelco a lo que escribo y me facilito a mi misma un poco las cosas no voy a poder seguir, porque el esfuerzo es demasiado y la autoexigencia va a convertir un lugar para disfrutar en un lugar para sufrir. ¿Será que debo dejar volar la imaginación?

   Pero yo había venido a hablar de mi confusión.

   A lo largo de mi vida, y con vida me refiero a estos últimos meses, me he dado cuenta de que, además de mis sequías creativas habituales, tengo periodos, hoy estoy dentro de uno, en los que vivo en un estado general de “empanamiento”. Sin abusar de las drogas ni del alcohol ni de medicamentos caducados mi cerebro permanece en una especie de estado de somnolencia que me impide pensar con claridad. En esos días todo se vuelve pesado y difícil y algo tan básico como decidir si voy a comprar pollo o pescado para comer se vuelve una tragedia. En el trabajo todo me parece mal, mis compañeros me ignoran y mi jefa me manda cosas estúpidas. Nadie me quiere y bla, bla, bla…

   Hoy, sin ir más lejos, mi estado de confusión y atontamiento me ha hecho jugarme la vida y pasar una vergüenza de tres narices. Primero casi me como un coche mientras me cambiaba de carril (maldito ángulo muerto) y después he ido al médico, he metido el coche en un parking y cuando me dirigía a mi cita me he dado cuenta de que no llevaba la cartera en el bolso. No sé que me ha dado más susto: si tener que pedirle a la enfermera que me fiara o pensar que no iba a poder quitar el coche del parking. Me he puesto a revolver en las profundidades del bolso como una desesperada y ¡he encontrado unas monedas!. ¿No estais de acuerdo conmigo en que da más felicidad encontrar unas monedillas perdidas en un bolso que cincuenta euros cuando tanto las necesitas?

   Lo peor de esos días de confusionismo es esa sensación constante de no poder pensar con claridad, como de tener la cabeza metida dentro de una burbuja translucida que le impide a uno comprender bien todo lo que lo rodea y que le impide a uno concentrarte en cualquier cosa por sencilla que sea (imagínenme diciendo eh?,eh?,eh? y girando la cabeza hacia todas partes y se harán una idea)

¿Por que he elegido uno de esos días para escribir este post?. Y yo que sé. No veis que no puedo pensar con claridad.